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martes

Simone de Beauvoir

A propósito del Prólogo y la Primera Parte
de su libro
La plenitud de la vida



Nunca olvidé los llamados que, adolescente, dirigí a la mujer que iba a reabsorberme en ella, cuerpo y alma: no quedaría nada de mí, ni siquiera una pizca de cenizas; le suplicaba que me arrancara un día de esa nada en la que me había sumergido. Quizá mis libros sólo hayan sido escritos para permitirme el logro de ese antiguo ruego.

Mi primer movimiento fue atrincherante detrás de mis libros; pero no, no traen ninguna respuesta: son ellos los que plantean el conflicto. Yo quería a la vez mucho menos y mucho más.

Si un individuo se expone con sinceridad todo el mundo está más o menos en juego. Imposibleencender una luz sobre su vida sin iluminar más o menos la de los demás.

No prejuzgo nada, salvo que toda verdad puede interesar y servir.

Simone de Beauvoir en 1929

Lo primero que me deslumbró cuando llegué a París en setiembre de 1929 fue primeramente mi libertad.

Sólo las cosas que me eran accesibles y sobre todo las que tocaba cobraban su peso de realidad; yo me daba tan enteramente a mis deseos, a mis placeres, que no me quedaba nada para gastar en ansias vanas.


Una no nace, sino que deviene mujer.

Simone de Beauvoir

Ilustración:: elpdlp.com

domingo

Simone de Beauvoir

A propósito de Memorias de una joven formal
cito algunas frases:



"Aquél día sospeché que que la literaura sólo mantiene relaciones inciertas con la verdad."


"me prometí no olvidar cuando fuera grande que a los cinco años uno es un individuo completo. Es lo que negaban los adultos cuando me demostraban condescendencia y me ofendían. En cuanto presentía, razonablemente o no , que abusaban de mí ingenuidad para manejerme, me encabritaba. Mi violencia intimidaba. (...) Esas leves victorias me alentaron a no considerar como insalvables las reglas, los ritos, la rutina: ellas son la raíz de cierto optimismo que sobrevivió a todas las educaciones. (...) Después de todo, mis furias compensaban lo arbitrario de las leyes que me esclavizaban; me evitaron hundirme en silenciosos rencores."


"Esa negación a cortar el cordón umbilical se manifestó con fuerza cuando leí la novela de Luisa Alcott, Good wiwes, que era la continuación de Little women. (...) Aborrecí a Luisa Alcott. (...) La amistad, el amor eran a mis ojos cosas definitivas, eternas, y no una aventura precaria. Yo no quería que el porvenir me impusiera rupturas: tenía que involucrar a todo mi pasado."


"al encontrar a Herbaud tuve la impresión de encontrarme a mí misma: me señalaba mi porvenir. No era ni un bien pensante, ni una rata de biblioteca, ni un pilar de bar; probaba con su ejemplo que uno puede formarse, fuera de los viejos moldes, una vida orgullosa, alegre, y reflexiva como la que yo deseaba. (...) El lunes a la tarde, sentada en la terraza asoleada del Luxemburgo, leí Mi vida de Isadora Duncan y soñé con mi propia existencia. (...) Mientras yo meditaba así sobre mi destino vi a Herbaud que caminaba junto el estanque en compañía de Sartre: me vió, me ignoró. Misterio y mentira de los diarios íntimos: no mencioné ese incidente que, sin embargo, quedó grabado en mi corazón. Me apenaba que Herbaud hubiera renegado de nuestra amistad y experimentaba ese sentimiento de exilio que detestaba entre todos."